Tuesday, December 9, 2008

Isabel

**hacerlo otro día en narrador personaje**

Los jardines marcianos estaban brotando. Los esfuerzos de los científicos valieron la pena. Muchos de ellos dieron casi toda su vida por terraformar un planeta que ni actividad tectónica tenía. Ahora es como una Tierra más, con lluvias, días soleados, efecto invernadero que mantiene la temperatura a niveles aceptables y actividad sísmica y volcánica cada cierto tiempo que por cierto no hace daño a ningún asentamiento humano. Las construcciones estaban diseñadas para aguatar fuertes terremotos y además la actividad volcánica del planeta estaba a bastante distancia de las colonias. La capa de ozono artificial funcionaba a la perfección y el tema de la contaminación estaba estrictamente controlado. Habían aprendido de sus errores. O al menos eso creían.

Isabel fue una de las primeras terrícolas que llegó a Marte después de haber sido terraformado al 100%. Su gente murió durante las constantes guerras que asolaron a la Tierra luego del agotamiento del agua dulce (y que aún asolan, pues muchos se niegan a perder el control de su tierra natal). Al llegar al planeta lo primero que le asombró fue el gran océano (el único marciano) que cubría casi todo el hemisferio norte del globo. Dentro de éste ya merodeaban una buena cantidad de especies marinas extraídas de la Tierra con el fin exclusivo de su conservación y posterior desarrollo. Algo bastante romántico por lo demás pero que no dejaba de ser importante. A Isabel también le llamaba la atención que no hubiera una Luna como la terrícola en Marte, sino dos pedazos de roca que parecían orbitar en sentidos opuestos alrededor del planeta. El planeta aún era rojo. Pero el azul ya era una realidad en Marte. Pronto sería igual de verde que la Tierra. E igual de hermosa como lo fue la Tierra en su momento.

Una vez tocado suelo, Isabel se dirigió junto con el resto de los pasajeros al domo principal, el Domo Arris, donde les asignarían sus respectivas tareas y un techo. Isabel no tuvo estudios de ningún tipo así que fue asignada para tareas de limpieza general, mientras que varios otros fueron enviados a departamentos como el de geología o de administración. Al rato visitó su nueva casa y se preparó para hacer su nueva vida a partir del día siguiente.

Una de las preocupaciones de la administración marciana era el tema de los desechos orgánicos. No podían ser dejados en cualquier lado ni mucho menos lanzarlos al mar que tanto les costó hacer surgir. Y por el momento había que reforzar la capa de anhídrido carbónico para hacer subir la temperatura del planeta un poco más pero no tanto como para derretir los polos que por cierto ya estaban avanzando demasiado tanto por el norte como por el sur. Así que la solución que parecía más obvia era quemar todo desecho orgánico para reforzar la capa ya mencionada. Su misión era transportar esos desechos hasta el incinerador ubicado en Terra Cimmeria, al este de la colonia. La idea era que la contaminación afectase lo menos posible a la vida que iba surgiendo y ese lugar aún era un lugar virgen. Los restos carbonizados que iban quedando se lanzarían al interior del planeta para que la actividad volcánica haga su trabajo reciclando esos elementos para luego regresarlos a la superficie en una erupción. Isabel y su grupo iban en su primer viaje hacia un sector fuera del domo. El jefe de la operación les contaba que se sentía bien de poder salir del domo sin necesidad de trajes especiales ni de preocuparse por las tormentas de arena que constantemente asolaban al planeta entero por semanas. Hasta los mismos jefes de departamentos hacían tareas de limpieza y mantenimiento, arriesgando constantemente sus vidas. Se hablaba mucho de compañerismo, de ayudar permantentemente al prójimo y de entenderlo, pero Isabel no prestaba mucha atención a aquellos discursos tan cursis.

Al llegar al incinerador el equipo se dispuso a enviar los contenedores a la cavidad que luego se encargaría de quemarlos y enviar anhídrido carbónico a la atmósfera. Se había perdido mucho de ese compuesto en la terraformación y había riesgo de que el planeta se congelara.

-¿Dora te llamabas?
-Sí Isabel, me llamo Dora. No te ví en la nave que nos llevó hasta acá. ¿Estabas en la parte trasera de la nave?
-Sí, fui de las últimas en ser seleccionada. Por lo menos estoy acá y no en medio de personas muertas y podridas.
-Y eso que pudo haber sido peor. Ayúdame con esto Isabel, ¡pesa mucho!

Tenían que levantar los contenedores hasta la sala de incinerado por varios escalones. No se invirtió mucho en tecnología, pues apenas el planeta alcance la temperatura adecuada ya no necesitarían del incinerador, no querían contaminar demasiado el planeta.

-¡Perfecto! -Dijo Dora- ya falta poco para que terminemos con esto.

De pronto algo falló. El contenedor colapsó de alguna manera y disparó desechos desde el costado que daba hacia donde estaba Dora. Isabel alcanzó a reaccionar y protegió a su compañera con su cuerpo a la vez que trataba de sacarla de ese lugar. Isabel terminó con suciedad por todo su cuerpo. Por lo menos Dora estaba bien y eso la tranquilizaba.

-Isabel ¿Qué fue eso? ¿Cómo es posible que se haya roto el contenedor?

Y como si eso fuera poco las alarmas empezaron a sonar. Una expliosión se escuchó cerca. Luego un incendio proveniente del segundo piso del incinerador. Algo inesperado por completo, no deberían existir fallos de ninguna índole en las instalaciones marcianas. Debían salir rápido. Dora salió al instante mientras Isabel le siguió. Casi todo el personal estaba dentro del incinerador, aún no habían terminado de depositar los contenedores cuando ocurrió la explosión. Dora corría demasiado rápido. El humo empezó a cortar la visibilidad dentro del lugar. La desesperación era máxima pero al menos logró ver la salida de la instalación. De pronto se escuchan grietas desde el techo, luego lo peor: el segundo piso estaba cediendo, los pedazos de metal estaban cayendo. Una viga alcanzó a Isabel y la hechó al piso.

-¡¡¡Eeeeekkkk!!! ¡¡¡Dora auxilio!!!

A pesar del humo Dora aún podía ver el aprieto en que estaba Isabel pero decidió seguir corriendo, la salida estaba ahí mismo y la instalación terminaría por irse abajo en pocos segundos. Isabel no podía sacarse la viga de encima. A eso sumar el lodo en que estaba empapada el cual le quitó movilidad. El humo se hacía cada vez más espeso y los pedazos de metal que caían aumentaban desproporcionadamente. Otro pedazo de metal cayó sobre la cabeza de Isabel, haciéndola perder el conocimiento de manera inmediata. Casi todo el personal logró evacuar el recinto tanto por la salida principal como por las salidas de emergencia, sin embargo ninguno se percató de lo que ocultaban un montón de pedazos de vigas de metal a medio camino de la salida: una muchacha inconsciente. En cosa de instantes toda la instalación cedió para luego terminar de ser consumida por el incendio.

-Capitán Alexei Romanov, ¡responda pronto porfavor!
-Acá el Capitán Romanov, ya dije que ningún incendio me va a comer vivo.
-¡Gracias al cielo! El Jefe de operaciones dió cuenta de que falta una persona que estaba dentro de las instalaciones.
-La estoy cargando en estos momentos. Aparte de que apesta está inconsciente. Nisiquiera me he fijado si tiene signos vitales, si la dejaba ahí no quedaría ni su cadáver.
-¡Qué bueno capitán! El equipo médico debería ya estar ahí para poder atenderla.
-Bien, ojalá esto no termine en algo malo. Al menos ya sabes que estoy vivo así que cambio y fuera.
-Dooraaa... Dooraaaa... Ayúdamee... La viga...
-¡¿Qué?!
-....
-(Maldición. Darío parece que estamos con un problema peor que la contaminación)

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